APRENDER A LEER

A más temprana edad, los resultados son mejores.

Lectura precoz: fundamentos científicos y experiencia práctica

El término lectura precoz fue introducido por el Dr. Glenn Doman, en Filadelfia (Estados Unidos), a mediados del siglo XX. Su propuesta surgió a partir de la observación clínica y no de una teoría previa, lo que posteriormente despertó gran interés y debate en el ámbito educativo.

Doman, fisioterapeuta de formación, trabajó durante años con niños que presentaban diversas condiciones neurológicas —como lesión cerebral, síndrome de Down y autismo— asociadas a dificultades significativas de aprendizaje. En ese contexto, se afirmaba que estos niños no podían aprender a leer. Sin embargo, Doman observó un fenómeno llamativo: muchos de ellos reconocían palabras y mensajes escritos presentes en la publicidad y en la señalización urbana.

Esta observación lo llevó a formular una pregunta clave:
si estos niños no habían sido “enseñados” a leer, ¿cómo habían aprendido a reconocer esos textos?


El aprendizaje visual temprano y la exposición repetida

En su libro, Doman relata que decidió experimentar utilizando la misma estrategia que emplea la publicidad: exposición visual repetida a palabras completas, presentadas de forma clara, breve y frecuente, con intervalos de descanso.

Desde la psicología cognitiva actual, este fenómeno puede explicarse a través del aprendizaje implícito, un tipo de aprendizaje que ocurre sin instrucción formal y sin conciencia explícita, ampliamente documentado en niños pequeños (Reber, 1993). El cerebro infantil es especialmente sensible a los patrones visuales frecuentes, lo que facilita la formación temprana de representaciones léxicas.

Los resultados del experimento fueron claros: los niños comenzaron a reconocer palabras escritas.


¿Y los niños con desarrollo típico?

Motivado por estos resultados, Doman se preguntó si los niños con desarrollo típico podrían aprender de la misma manera. Algunas madres aceptaron que probara el método con sus bebés, hermanos menores de los niños que asistían a terapia.

La sorpresa fue notable: los bebés también reconocían palabras tras haberlas visto repetidamente.

Hoy sabemos que esto es consistente con la neurociencia del desarrollo. Investigaciones en neuroplasticidad confirman que el cerebro en los primeros años de vida posee una extraordinaria capacidad de reorganización sináptica (Kolb & Gibb, 2011). Además, la lectura no es una función innata, sino una habilidad cultural que el cerebro aprende reutilizando circuitos visuales y lingüísticos preexistentes, como lo describe Stanislas Dehaene en su teoría del reciclaje neuronal (Dehaene, 2007).

Dado que no era habitual inducir la lectura en edades tan tempranas, Doman acuñó el término lectura precoz, para destacar el hecho —controvertido en su época— de que los bebés pueden aprender a leer palabras completas.


Principios fundamentales de la lectura precoz

Para que este proceso sea efectivo y respetuoso del desarrollo infantil, la experiencia de Doman y los aportes científicos posteriores coinciden en algunos principios clave:

1. Palabras completas, no fragmentos

No se utilizan letras sueltas ni sílabas, sino palabras y frases completas.
Desde la neurociencia cognitiva, se sabe que el cerebro reconoce palabras como unidades visuales significativas, especialmente en lectores iniciales, antes de dominar la decodificación fonológica (Ehri, 2014).

2. Repetición espaciada

La presentación es repetitiva, pero con pausas entre sesiones.
Este principio está respaldado por el efecto de espaciado, uno de los fenómenos más sólidos en la ciencia del aprendizaje (Cepeda et al., 2006).

3. Significado y familiaridad

Se utilizan palabras conocidas por el niño, ligadas a su experiencia cotidiana.
La comprensión y la emoción facilitan la consolidación de la memoria (Immordino-Yang, 2016).

4. Juego, no instrucción académica

El proceso se presenta como un juego, sin presión ni exigencia.
El aprendizaje temprano ocurre de manera más eficaz en contextos de seguridad emocional y curiosidad, no de evaluación.


Testimonio familiar: cuando la teoría se vuelve experiencia

En nuestro caso, comenzamos a enseñar a leer a nuestra hija cuando tenía 18 meses, mostrándole palabras escritas en cartulinas y leyéndolas de forma repetitiva varias veces durante la semana. Cada semana incorporábamos nuevas palabras y repetíamos el proceso.

Cuando tenía dos años y medio, ya leía cuentos por sí sola.

Con nuestro segundo hijo iniciamos el proceso desde el primer año de vida, y los resultados fueron similares.

Quienes los veían leer quedaban sorprendidos y con frecuencia me sugerían escribir un libro relatando la experiencia. Con el tiempo, surgió la idea de desarrollar también el material didáctico, para facilitar a las familias la aplicación del método, ya que muchas conocen la teoría, pero no elaboran los recursos necesarios y terminan recurriendo a métodos tradicionales.


Dos en uno: lectura y desarrollo personal

Influido por mi propio proceso de crecimiento personal y por la Programación Neurolingüística, decidí aprovechar el aprendizaje temprano de la lectura para fomentar también el desarrollo de una autoimagen positiva.

Las palabras incluidas en las tarjetas no solo enseñan a leer, sino que contienen afirmaciones orientadas a fortalecer la autoestima y la identidad. Sabemos que el lenguaje cumple un papel central en la construcción del autoconcepto infantil (Bruner, 1996).

De allí nace el nombre del programa: “Yo Soy Muy Inteligente”, porque cada niño necesita reconocerse como un ser capaz.


Una visión educativa y social

Este programa fue concebido como una contribución a una mejor sociedad. En muchos países de habla hispana se lee poco y se comprende poco, lo cual se refleja en bajos resultados en pruebas internacionales, dificultades de acceso a la educación superior y limitaciones en el desarrollo social.

Tras 22 años desde la primera edición (actualmente en la cuarta), hemos acompañado a numerosas familias y niños en la construcción de una lectura sólida. Su adopción no ha sido masiva, en parte porque cambiar los métodos tradicionales sigue generando resistencia, aun cuando los resultados no sean satisfactorios.

Nunca ha sido mi intención imponer este enfoque, sino ofrecerlo como una opción voluntaria, respaldada por investigación, experiencia y acompañamiento.


Resultados a largo plazo

En el caso de mis hijos, los resultados fueron altamente satisfactorios. Hoy, mi hija es médica y mi hijo es ingeniero de sistemas, ambos egresados de la Universidad Nacional de Colombia, con excelente desempeño académico.

Esto confirmó una convicción profunda:
la lectura es la compañera permanente del estudiante, y por eso debe enseñarse bien desde el comienzo.

Un niño aprende a leer una sola vez en la vida.
Si ese proceso se hace de manera adecuada, se convierte en una ventaja cognitiva, académica y personal para siempre.

¿Qué pasaría si todos los niños iniciaran la primaria con una lectura fluida, comprensiva y placentera?

Tal vez el cambio educativo comienza por ahí.

 
 

Clic para ver: Resultados del programa Yo Soy Muy Inteligente