Los niños que son bien contenidos en hogares armoniosos aprenden mejor

En el desarrollo de un niño, las emociones juegan un papel fundamental. Las neurociencias han difundido la importancia de acompañar los procesos de enseñanza con sensaciones de bienestar en el aprendiz y para ello, la participación de la familia, retroalimentando sus emociones, es un ingrediente que potencia de manera increíble el aprendizaje.

Un niño que se siente acompañado por su núcleo familiar estabiliza sus procesos cognitivos, aumenta sus niveles de atención y concentración, se interesa más por el aprendizaje, pregunta con confianza, construye buena autoestima, es más creativo, protagónico y participativo.

No se trata de hacer las labores por el niño, sino de estar presente, observándolo y animándolo con palabras de elogio y estímulo. Para ello, la atención del adulto debe estar en el niño y su labor. Se registra el esfuerzo y los progresos, recordando que en los procesos de aprendizaje no existen errores sino la práctica.

Un niño aprende al lado de las personas que lo aman y en quienes él confía. La familia debe ser un motivador de la curiosidad y del deseo de aprender del niño, por eso no se debe amenazar con castigos o chantajear con premios.

Por otra parte, la familia proporciona el cuidado y protección del niño para que este se desarrolle en un espacio seguro y que reciba sus requerimientos adecuados y en el tiempo justo. Una familia estable, que vive en armonía y cuida a sus hijos, conforman un hogar, que es un paraíso para el buen desarrollo de un infante.

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Jorge Eliécer Gómez

Investigador de la Neuropsicopedagogía, escritor y conferencista internacional.

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Septiembre 1 de 2021